Vida agitada de una estrella

Los problemas y situaciones fastidiosas que debe pasar una pobre diva del rock

martes, septiembre 05, 2006

Victoria II

Casi dos meses después, pero aquí estoy de nuevo. La verdad es que el tiempo libre es tan poco que lo aprovecho para descansar, y si me conecto es para chatear con los amigos más cercanos y la familia, o hablar por teléfono con ellos.

Han sido días muy difíciles, trabajo muy duro que aunque me gusta, no deja de agotarme. No sé si empezar por las novedades o continuar con lo que había empezado.

¿En qué me quedé? Ah, sí, en que terminamos de cenar y estuvimos un rato viendo las luces de la ciudad. Los meseros estuvieron tomando fotos de cuando en cuando, con una cámara que él les entregó. Todavía no he visto ni una sola.

Me preguntó si ya quería irme y yo asentí. "No soy muy bueno bailando, así que no esperes mucho de mí, me gusta y medio me muevo, pero nada más". Risas de ambos. Quería besarlo, quería tomarlo entre mis brazos y subir como hiedra para enredarme en él, pero no sé qué fue lo que me detuvo. Nos fuimos de ahí, mientras caminamos al carro, yo volteo repetidamente hacia la azotea, sintiendo una especie de nostalgia y melancolía por uno de los momentos más bonitos y que sé no se repetirá jamás. Pero cada vez que pensaba que lo más lindo iba quedando minutos atrás, surgía algo nuevo.

Llegamos al antro y el ambiente apenas empezaba a ponerse bien, me gustó el lugar, es entre retro y moderno, bastante ecléctico, diría yo. Me tocó bailar canciones de cuando estaba en el kinder, la primaria, la secundaria, la prepa, la uni y actuales, pero también le agregan sabor mezclándolo con ritmos como salsa y merengue. Muy padre. Enloquecíamos cada vez que el DJ mezclaba canciones de cuando estábamos en prepa y sobre todo si eran medio rockers, saltamos como locos; cuando llegó la salsa y el merengue sufrimos un poquito pues no podíamos acoplarnos, pero finalmente todo embonó y su cuerpo se acercó más al mío; al llegar a las baladas, entre él y yo ya no pasaba ni siquiera el aire, y sé que estaba reprimiendo sus manos que querían moverse por toda mi piel, lo sentía, se estaba esforzando.

De pronto... se alejó un poquito de mí, así sin decir nada. Creo que allá abajo algo había crecido y le daba pena que me diera cuenta, sin saber que en mí había un torrente fluyendo, como un río caudaloso que busca desembocar en la abundante sal del mar. Yo quería acercarme y no me atrevía. Me tenía así, completamente derretida entre sus brazos, estaba yo lista para que se fundiera en mi caldera y no tenía el valor de hacerlo. Luego se acercó de nuevo, con calma y pronto quiso volver a alejarse, pero esta vez no lo dejé, quise constatar lo que pasaba en él y que viera mi aceptación. Estaba renuente, muy apenado (oooohh, yeah), se puso de todos colores. Las miradas se encuentran. Sus ojos le preguntan algo a los míos y parece que llegan a un acuerdo. Sin voluntad, ellos nos llevan a la mesa. Apuré mi agua mineral y él su whisky para refrescarnos. Tomó mi mano y comenzó a acariciarla. Luego la llevó a sus labios mientras me veía con un gesto que asomaba algo de sufrimiento y una declaración que me cimbró hasta los cimientos: "Tengo miedo". Pregunté de qué. "Que esto sea lo que estoy pensando, que no vuelva a verte, que la mujer con la que estoy comprometido no sea la indicada, que esto no pase a mayores". No quise preguntar a que se refería con pasar a "mayores". Quería oirlo y a la vez no. Hay cosas en las que ahorita no puedo ni debo pensar, tengo prioridades. Mientras besaba mi mano, yo cerré los ojos. Al abrirlos encontré los suyos y parecieron ser cómplices de nuevo, esta vez nos llevaron afuera.

Apenas salimos, él caminó detrás mío, abrazándome; sentía que me olfateaba, como para no olvidar mi olor. Mientras abría la puerta del coche, fue acorralándome hasta que estuvo pegado a mí y me sentí tan débil que no fui capaz siquiera de fingir que no deseaba besarlo. No sé cuánto tiempo duró, pero fue el beso más tierno, cálido y ansiado que me han dado. Sé que no fue breve, pues la gente alrededor nos miraba con cara de fiscal acusador, y entonces nada me importó: decidí devorar sus labios. Poco pudo hacer contra eso y terminó apretándome contra su cuerpo mientras mi lengua enfurecida buscaba la suya. Nuestros labios se separan y subimos al auto. Vi que tomaba rumbo a la casa de mis padres y, ¡qué diantres!, al nabo si me toma por una zorra, le dije que se detuviera en algún parque, y lo hizo. Preguntó para qué y respondí que necesitaba calmarme un poco, pues de llegar así a casa, lo raptaría y lo metería de contrabando a mi recámara.
El: ¿De verdad lo harías?
Yo: Sí.
El: ¿Y luego?
Yo: ¿Te imaginas si nos cachan?
El: Mi room mate se fue a pasar el finde con su familia.
Yo: ...
El: Está bien, a tu casa.
Yo: ¡No! Llévame contigo.

Esto continuará mañana u otro día, porque debo dormir. El tiempo que ha pasado desde entonces y mis constantes fantasías se entremezclan, y a esta hora y con tanto sueño se me nubla la razón.

P.D, Necesito una laptop con teclado en español, esto es realmente molesto, cansada, con sueño y batallando con los acentos, los signos y las eñes... Estoy en el hoyo.

miércoles, julio 12, 2006

Victoria

Nos encontramos (la banda y yo) en Victoria, Canadá. El clima es bastante benévolo en esta época del año, además que estamos al nivel del mar y eso ayuda, también el estar al sur del país. Es muy bonito. Había venido aquí de pasada, la vez anterior que vine a esta nación. Mi ciudad favorita sigue siendo Vancouver, sus constantes días nublados en invierno y su abundante lluvia, que no causa las inundaciones que ocurren en México, porque aquí sí están preparados, pero ese es otro tema.

La última noche en mi tierra fue mucho más de lo que esperaba y muy distinta. Creí que estaría llena de pasión, de fuego, de caricias desesperadas y de frenesí. No. Nada que ver. Me llamó por la tarde para decirme que pasaría temprano por mí, a lo que yo respondí que mis intenciones eran ir a bailar. Ahí empezó todo. Con la dulzura que recuerdo de cuando ambos teníamos 16 ó 17 años, me dijo que haríamos lo que quisiera, pero que iría por mí temprano para poder aprovechar el mayor tiempo posible: "Tenemos años sin vernos y ya te vas, déjame disfrutar tu presencia todo lo que pueda". ¡Dios, cómo no nos encontramos desde que llegué a México! En fin, todo pasa por algo y en pocos meses estará casado.

Pasó por mí a eso de las 6:30, mientras caminábamos de la puerta de la casa al auto, se detuvo frente a mí y se quedó viéndome. Los nervios me comían y no sabía si podría seguir sosteniendo la mirada. De pronto, sus labios murmuraron algo que no entendí, pero como yo ya no podía más, sólo atiné a reírme. "No has cambiado nada, volviste a hacérmelo, ¿no te das cuenta el esfuerzo que hago? ¿No sabes lo difícil que es para mí decirlo?". Yo, cambié mi cara de risa de nervios por un enorme signo de interrogación. Le contesté que no escuché lo que musitó y que no me estaba burlando de él, sino de mí. Su gesto se compuso. De nuevo se quedó mirando mi rostro y sin decir nada sacó su celular y me tomó una foto con él. "Para ponerla a tu número y verte cuando me llames, si es que me llamas". Me tomó suavemente del brazo y me ayudó a subir al carro. Fuimos a uno de los edificios que sobrevivieron a la remodelación del centro histórico. Yo iba medio sacada de onda porque creí que cenaríamos antes de ir a bailar; no pregunté nada. Entramos al elevador y subimos hasta el último piso. Luego tomamos las escaleras y yo iba ya con un poco de miedo. Abrió la puerta que da a la azotea y yo ya estaba lista para darle un rodillazo y correr escaleras abajo si algo no me gustaba. Me pidió que cerrara los ojos y me negué. "No lo arruines, es una noche especial". Accedí, con más miedo que otra cosa y caminé guiada por él. Escuché cómo arrastró algo y me pidio me sentara. Así lo hice y al pedirme que abriera los ojos casi se me salen las lágrimas de la emoción: había una mesa para dos, decorada, con velas aromáticas alrededor de nosotros, dos meseros muy elegantes y música muy padre. No podía creer lo que estaba viendo y si no hubiese estado sentada me habría ido para atrás. Lo miré sin decir nada, pero supongo que mis ojos le dijeron todo. Se acercó y me besó la frente y luego bajó con delicadeza a mis labios, muy breve, muy suave. Cenamos muy rico y platicamos acerca de la música que escuchábamos, pues hizo una selección de las canciones que estaban de moda cuando estudiábamos juntos. Terminamos de cenar y (no podía faltar) sacó una guitarra y comenzó a tocar la canción que siempre me cantaba por teléfono cuando éramos adolescentes. Entonces no pude más y las lágrimas rodaron; me tomó entre sus brazos como quien consuela un niño perdido.
Yo: ¿Por qué ahorita? ¿Por qué cuando era nuestro tiempo no me dijiste nada? No sabes cuánto tiempo esperé esto, pero hace ya demasiado que lo dejé enterrado, no sólo no lo esperaba sino que ya ni en el mundo te hacía.
El: ¿No decirte nada? ¿De qué hablas? Te lo dije y no te inmutaste. Te lo demostré de mil maneras, siempre estaba volteando hacia ti, ni siquiera al pizarrón, te llamaba, te cantaba canciones por teléfono, te pasaba CDs para que escucharas canciones que quería dedicarte y nunca hubo reacciones de tu parte.
Yo: ....
El: Ven, mira las luces de la ciudad cuando comienza a oscurecer.

Así estuvimos un rato, contemplando el paisaje, sin decir nada importante, hablando trivialidades que tenían que ver con lo que observábamos.

El resto de lo que esa noche pasó se los cuento luego porque ya tengo que desconectarme.

Gracias a mis tres lectores.

sábado, julio 08, 2006

Mañana me voy

Mañana salgo de viaje. Me iré a Victoria, Canadá. Se supone que estaré unos tres meses y medio, pues allá consiguieron un excelente arreglista y la compañía quiere que toda la banda esté trabajando con él. Luego volaremos a Londres donde estaremos grabando. Creo que va para largo, pues dijeron que volveremos a Niza como para finales de marzo. Voy a extrañar la cantera y las lluvias de arena.

Hace un par de días, mientras paseaba por un centro comercial me encontré al que fue mi amor platónico de la preparatoria. Él nunca lo supo, o bueno, tal vez lo sospechaba, pero era muy tímido. Algunos amigos me decían que yo le gustaba, pero nunca se lanzó, a él lo cambiaron de escuela, y visitaba la prepa esporádicamente, luego dejé de verlo y lo encontré de nuevo como 3 años después. De eso hace como 6 años, creo.

Pues hace días nos topamos y fue él quien me reconoció. Nos tomamos un café ahí mismo, en el mall y platicamos por horas hasta que cerraron el lugar. Me invitó a cenar al día siguiente y, tras la cena, me llevó a conocer nuevas zonas de la ciudad, pues yo tenía años fuera. Debo decir que es todo un caballero, algo a lo que ya no estoy acostumbrada pues me da un poco de flojera eso de esperar que me abran la puerta del auto para poder bajar de él, etc., el caso es que al llevarme a casa de mis padres, abrió la puerta de su camioneta, pero no la abrió mucho, así que hubo poco espacio para salir y me recibió con una tibieza que no pude menos que derretirme en sus labios.

Así es, tras aproximadamente 11 años, me besó el responsable de mis arranques distímicos adolescentes. ¿Que si qué voy a hacer? Nada. Intercambiamos correos electrónicos, le di el número de mi celular, que tiene señal en casi todo el mundo. Hoy me invitó a salir de nuevo y me dijo que iremos a donde yo quiera. Tengo ganas de ir a algún lugar donde pueda bailar y estar muy cerca de él; quiero tener el pretexto de que bailar aumenta el deseo (aquí es mal vista una mujer liberal, y yo ya tuve mis deslices con algunos franceses, así que conservadora no soy); quiero besarlo sin detenerme mientras bailamos; quiero que en mí realice esa fantasía inconclusa de la fiesta de novatos en la que yo bailaba con mi ex y él con su amiga, pero tan pegado a mí que parecía bailar conmigo y no con ella; quiero también liberar el fuego que he acumulado desde que llegué a México por haberme topado con que mi mejor pareja sexual es un hombre prohibido; quiero cumplir con él todas las fantasías que en su momento no tuve, ser todo lo lasciva que entonces no fui y convertirme en receptora complaciente de su pasión.

Hoy me despido de él de la manera más cálida. Hoy será para él como una despedida de soltero, pues se casa en 8 meses y yo no estaré aquí.

Y mañana... mañana me voy.

miércoles, julio 05, 2006

Do, Re, Sex...

Leía a Do, Re, Sex... y le dejé este comentario hace un par de meses. Quise ponerlo aquí porque es parte de la historia mía. Ojalá pueda estar escribiendo más, he abandonado mucho el internet y lo uso nada más para lo necesario.



"Siempre placentero leerte e imaginar con tus textos. Es... no sé, estar de vuelta en México me provoca buscar un antiguo amante, con todo lo liberal de los europeos no encontré lo que en él hay: esa locura y desesperación por tenerme en sus brazos, por tenerme en su sexo, que sabe controlar para darme todo medido y luego sumergirme en sus excesos. Deliciosa contradicción".

El problema es que ahora que volví a casa, me encontré con la sorpresa que este hombre se ha casado. El sabía llenar todas mis necesidades físicas aunque en lo intelectual se quedaba muy corto, y no porque sea tonto, sino porque nuestros intereses no tienen nada en común y no había manera de hacernos complemento.

Ahorita escucho "Sólo le pido a dios" y me doy cuenta que estoy demasiado inmersa en mis cosas sin pensar en el mundo. Los locos orientales enviando 7 misiles de golpe y yo lamentando que mi reciente actividad sexual (¿reciente?), bueno, la de los últimos 5 ó 6 meses no me haya dejado satisfecha.

Ahora sólo le pido a dios que este circo electoral termine en algo bueno para los mexicanos que pasan toda su vida o la mayor parte de ella en el país; que el mundo no se vaya al carajo por culpa de un par de idiotas adinerados que están tan muertos de hambre que ansían atesorar mayores riquezas. ¿Y para qué?

martes, mayo 09, 2006

De vuelta al terruño

Me dio risa ver un comentario de mi post anterior. No, no soy de rebelde. Yo sí canto. Claro, todavía no gano las millonadas que ganan ellos, pero mi disquera y mis promotores siempre se encargan de todo y yo soy tratada como si ganara lo mismo que ellos.
Qué curioso. Sabía quiénes son ellos y tenía la idea que son un grupo de plástico de esos de "exprímanlos mientras vendan", pero ahora que estoy de vuelta en México, mientras comía en un restaurante de Perisur tenían el concierto de RBD en no sé dónde, pero ¡Ay dios!, de verdad que escucharlos en vivo es un martirio. Igual van a seguir vendiendo hasta que la gente se aburra, lo cual puede ocurrir en un año o dos, tal vez tres, tal vez en meses. Como sea. Yo estoy en lo mío y preparando mi disco nuevo. Armaron una banda excelente con músicos muy preparados y las chavas que están en los coros... mis respetos, podrían estar cantando como solistas en cualquier lado. Supongo que les falta imagen.
El primer día que estuve en ciudad de México me fui de incógnita (aunque confieso que aquí no me conoce mucha gente, mi principal promoción se ha hecho en Europa y Canadá) a un puesto de tacos al pastor... guácala! Digo, los extrañaba, pero creo que perdí la costumbre ( y el gusto) por la grasa). La próxima semana iré a mi casa, al norte. Comeré un buen corte de carne, tortillas de harina y los deliciosos frijoles que sólo mi abuelita sabe preparar.


viernes, abril 21, 2006

Ensayos

La verdad no entiendo por qué nos tienen aquí en Niza, se supone que vamos a grabar en Londres. Será porque la maestra de ballet no quiere ir a dar clases a otros lados. Me gusta la forma en que ella enseña, me recuerda mi primera maestra en México, es estricta, pero no es tan inconsciente, no nos pide más de lo que el cuerpo puede dar. Recuerdo que a los 12 años me pusieron una maestra rusa... no la soportaba, sí era muy buena, pero exigía cosas que resultaban imposibles y quería que siempre estuviéramos practicando en casa. En ese tiempo yo era una púber normal que debía ir a la secundaria, hacer tarea y además tomaba clases de inglés y de canto, y encima de todo, la señora se enojaba porque no había practicado durante dos horas diarias mi saut de chat (sodechá, se pronuncia). ¿A qué horas?

Los diseñadores de imagen y los de vestuario ya me traen porque toda la ropa que me mandaron hacer para este disco y la gira ya me queda grande. Se los juro que como normal, pero acá, con eso de que acostumbran la dieta mediterránea, no puedo volver a subir de peso. Además entre las clases de ballet, de jazz y hip-hop, los ensayos y el tipo de comida, quién no va a adelgazar. Extraño los tacos, el guacamole, los tamales... mmmm, pagaría hasta 500 euros por unos tacos al pastor con mucha salsa, o unas flautas bañadas en guacamole, crema y queso, o tal vez una torta de pechuga de pollo con doble queso y chorizo ranchero.... Pero no llegan :(

Los franceses son muy cálidos con uno, en todos lados piensan que soy española cuando digo mi nombre. Al principio no dominaba mucho el francés, quién me manda no haber puesto atención en prepa, así que casi a todos lados llegaba hablando en inglés, pero como mi acento suena totalmente gringo, me hacían el feo, así que mientras le perdí el miedo al idioma local, tuve que adoptar un acento británico, lo cual tampoco fue de mucha ayuda, pero contratamos un intérprete por un par de semanas que me ayudó a recordar el francés y ahorita ya prescindí de él.

Hablo con mi familia cada 5 ó 6 días, pero tengo ganas de verlos. Ya llevo 2 meses aquí y antes estuve un mes en España y tres semanas en Vancouver. La preparación de este disco ha resultado más pesada que la de los dos primeros. Como quiera, nos va a ir bien porque ya nos han hecho varios reportajes de programas de tv y radio aquí y hemos dado entrevistas y ruedas de prensa en Vancouver, Madrid, París y Marsella.

jueves, abril 20, 2006

Mantenerme

He estado teniendo discusiones con los diseñadores de imagen. Quieren que suba 3 ó 4 kilos y ¡¡no puedo!! Con tanto ejercicio que estoy haciendo, los ensayos, las giras y la comida que nos están dando aquí en Niza, ¿cómo?